América Latina. 2009

“Según los últimos datos de la FAO, existen hoy 52 millones de personas alimentadas insuficientemente en América Latina, lo que representa un 10% de su población. Esta media oculta enormes diferencias entre los países, en el continente más desigual del mundo. Mientras que Argentina alcanza un 2,4% de desnutrición, Guatemala sufre de un 23%. ” Según el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA), la nutrición y la educación son la inversión más productiva para la economía futura, así lo demuestra la prosperidad que encontraron numerosos países después de la guerra, por ejemplo Alemania, Japón o Finlandia.

Esta perspectiva es más interesante pues se produce en un contexto caracterizado por el crecimiento de la obesidad en los más jóvenes y las complicaciones vinculadas a esta enfermedad. Según estimaciones del 2006, hay actualmente más obesos en los países en desarrollo y los países en transición económica que en los países industrializados. Esta realidad debe ponerse en relación con la omnipresencia de los productos de consumo rápido, ricos en ácidos grasos, pobres en minerales, a veces vendidos al interior de las escuelas. Combatir el hambre de los más jóvenes es un objetivo, promover una alimentación sana y sustentable es hacia lo que se debe orientar.

Ante este reto principal, se han desarrollado varias iniciativas en América Latina, para romper este ciclo endémico de la pobreza e intentar lograr los objetivos del Milenio para el desarrollo (OMD) fijados por las Naciones Unidas para el año 2015: El “Programa Nacional de Alimentación Escolar” y “Hambre Cero” en Brasil, el Plan Nacional de Seguridad alimentaria llamado “El hambre más Urgente” en Argentina, el Programa “Bogotá sin Hambre” en Colombia, etc

Estas experiencias muestran la actualidad de la lucha contra el hambre y la necesidad de definir políticas públicas integradas, que relacionen los retos que impone la educación escolar con los de un desarrollo rural duradero y la promoción de un consumo sano y equilibrado.